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La Afectividad Cuestión de Casa

Boletín N. 6 Fundacion Nuestra Casa

Autor: Mayra Restrepo

Se ha preguntado usted alguna vez la razón por la que tanta gente reacciona de un modo exagerado ante situaciones cotidianas que no revisten mayor gravedad?

Es probable que no lo haya pensado, pero alrededor nuestro estas situaciones se presentan una y otra vez: el padre que se enfurece ante el vaso que rompe el hijo, una madre que pierde el control con su hija adolescente que se ha demorado en el teléfono; o peor aún, lo padres se ponen al nivel de los hijos reaccionando como niños, es decir sin el menor asomo de madurez, ante las pataletas normales que a esta edad se pueden presentar. Muchas personas no saben asumir el control de sus reacciones ante situaciones inesperadas; mas allá de lo sencillo o complejo de éstas, es muy frecuente perder la calma.

 Lo afectivo un campo desconocido

Parte de la situación a la que he hecho referencia se debe a que se desconoce totalmente la importancia de educar en y desde la afectividad. En muchas familias y colegios el papel fundamental que lo afectivo tiene en el desarrollo integral de niños y jóvenes no está muy claro.

La afectividad es una realidad propia del ser humano, que da sentido y orientación a sus relaciones con los demás. Podría definirse como la capacidad de entender y asimilar la realidad que se presenta ante nosotros y poder asumir ante ella actitudes adecuadas, oportunas, mesuradas y controlables. Lo cual solo es posible si como individuos se ha alcanzado una madurez emocional. En efecto, las emociones, los sentimientos, las pasiones, manifestaciones de la afectividad, se pueden educar, he ahí su importancia.

Un proceso de temprana edad

En los niños la afectividad es comparable con un diamante en bruto, porque ellos no tienen la capacidad para racionalizar las situaciones que viven, por lo que no existe freno alguno a sus reacciones, sin embargo, si pueden captar el lenguaje afectivo con toda claridad. Es como si solo tuvieran una conexión directa y exclusiva con su corazón.

Cuando observamos a nuestros pequeños hijos, podemos notar como ellos reflejan transparencia, verdad, espontaneidad, pureza; por lo que este primer periodo de la vida pasa sin mayores sobresaltos y con relativa estabilidad, sobre todo cuando viven en condiciones normales y como padres hemos hecho lo que debíamos hacer.

En el adolescente debido a los cambios hormonales y proceso de identidad, las experiencias de la vida pueden ser más complejas pero el diamante sigue sin pulirse. Es como si se retrocediera en el proceso de madurez: las experiencias cotidianas con su familia y su entorno las vive con muy baja tolerancia, se frustra muy fácilmente y en ocasiones reaccionan con brusquedad, pasando fácilmente de la risa al llanto y lo contrario. 

Acciones para educar en la afectividad

Partiendo del hecho de que lo afectivo puede disciplinarse, los padres pueden desarrollar al interior de sus hogares procesos integrales de educación en la afectividad. Para ello se recomienda trabajar fuertemente en la propia persona y de esta experiencia personal de autodisciplina afectiva, educar a los hijos a ayudándolos a sentirse seguros, aceptados, respetados, valorados, admirados, apoyados, escuchados, comprendidos, importantes e independientes.

Es importante evitar expresiones como: eres torpe, eres flojo, eres maleducado, eres tonto, eres llorón, eres egoísta…

Se recomienda mostrar siempre respeto por los sentimientos de los hijos, para que podamos expresarles lo que sentimos por ellos evitando dar órdenes, aceptar sus errores, expresar temores, dando muestras de comprensión, tomando conciencia de las expresiones faciales y tono de voz, pedir perdón, enseñarles a perdonar…

Si hacemos todo esto, existe una alta posibilidad que nuestros hijos al nacer sean más sanos, felices, exitosos, con mejor comportamiento, mejor autoestima, mejores relaciones con los demás, tengan más amigos, sean menos violentos, resistan más la presión de grupo, resuelvan mejor los conflictos, controlen más los impulsos y disminuya la posibilidad e involucrarse en comportamientos auto defensivos (drogas, alcohol, embarazos tempranos).¿De verdad vale la pena esforzarse por educar en lo afectivo a nuestros hijos?

No lo olviden, la afectividad es un producto que se hace en casa.

   

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